Los ladrilleros de Santo Tomé y una cruda realidad

mayo 8, 2014 | por Redacción Voces del Salado
Los ladrilleros de Santo Tomé y una cruda realidad
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El de los ladrilleros es un oficio largamente centenario en Santo Tomé y  por décadas permitió la subsistencia de decenas de familias. No obstante ello, en la actualidad ha decrecido en importancia y dejó de ser una alternativa laboral potable para nuevas generaciones. Es más, lentamente, el negocio de los hornos de ladrillos comienza a perder su influencia como “cuestión de familia”, porque se va perdiendo la continuidad de esta actividad en los hijos de padres ladrilleros. Justamente, consultado por Voces del Salado, Hugo Pérez, último de un linaje de “horneros”, reflejó un panorama bastante duro y desalentador.

«Por ser un trabajo de infierno, no queremos que nuestros hijos continúen con esta actividad», expresó Pérez resignado, a la vez que aseguró que idéntica opinión tienen otros colegas que poseen cocinas de ladrillos en las inmediaciones del barrio Los Hornos, en el oeste de la ciudad.  «Mis bisabuelos, mis abuelos y mis padres trabajaron desde siempre en esto, con sus hornos aquí en el barrio… yo continué con esta tradición, pero no quiero que mis hijos sigan por este camino, porque es un trabajo demasiado duro», lamentó Pérez –de 43 años de edad-, quien prefiere que sus chicos «se olviden de todo esto y se dediquen a estudiar».

 Escasez de personal

«Acá, prácticamente no hay descansos, se trabaja con sol, viento, frío, sin fines de semana ni feriados; sólo paramos la actividad por lluvia, o bien el Día del Ladrillero, que se festeja cada 21 de agosto; pero después, todo el resto del año, no paramos… la verdad es que no quiero que mis hijos hagan lo mismo que yo»,  prosiguió Pérez, quien recorrió junto a Voces del Salado la cava donde junto a sus  tres empleados almacenan las hileras de ladrillos enmarcados que atraviesan el proceso de secado. Allí, Voces del Salado pudo observar cómo se producía el quemado de un horno de 15.000 ladrillos.

Mientras el fuego era alimentado por enormes leños que eran introducidos por las cuatro bocas del centro de cocción, el entrevistado dio a conocer otro de los inconvenientes que posee la actividad: la escasez de personal. «Si bien la mayoría de las familias de las cercanías del barrio trabajan aquí, hoy no contamos con mucha gente que quiera hacer este trabajo, mucho menos con esto de los planes trabajar y las asignaciones por hijo, que provocaron que los muchachos no quieran seguir», señaló Pérez al respecto.

 

Apenas monedas

«Si  antes teníamos alrededor de diez o doce personas, hoy sólo tenemos tres, o hasta cinco, pero nada más», aclaró Pérez, para ejemplificar el problema de la falta de gente en los hornos. Sin embargo, este último no es el único motivo por el cual se ha ido perdiendo la tradición ladrillera. También está el tema de las  reducidas ganancias que se obtienen con el producto, las que sólo sirven para pagar sueldos y -a duras penas- poder alimentar a las familias.

«La realidad es que lo conseguido con las ventas apenas nos alcanza para pagarle a los muchachos y con suerte podemos sobrevivir nosotros», detalló el experto ladrillero a continuación. «Si bien hay trabajo para los que lo piden, muchas veces los altos precios que tenemos que pagar por los materiales que usamos para la fabricación del ladrillo, nos impiden poder incorporar más gente, lo que dificulta la continuidad de la actividad».

Detalles

En la actualidad el barrio Los Hornos cuenta con aproximadamente diez hornos, situados sobre calle San Martín. Seis de ellos están ubicados del lado oeste del basural a cielo abierto que funciona en la zona y los otros cuatro en la parte este. Cada una de las cocinas produce alrededor de 30.000 mil ladrillos por mes. Son quemados en tandas de 15.000, que demandan cerca de dos semanas de producción, hasta que el ladrillo está finalizado.

 

Proceso

El proceso de producción del ladrillo consiste en las siguientes etapas:  amasado de la materia prima en fosas circulares repletas de agua; enmarcado de la mezcla en moldes; secado al aire libre de los ladrillos húmedos; armado y posterior quemado del horno (para finalmente pasar a su distribución).

 

EN PALABRAS:

Años atrás quienes se dedicaban a la ladrillería eran los llamados “trabajadores golondrinas”, que solían ser prófugos de la Justicia, reos y hasta asesinos con varias muertes sobre sus hombros. Ellos trabajaban hasta que les pagaban sus quincenas y después desaparecían sin dejar rastros. Se les daba “rancheada” y no se les preguntaba de dónde venían, o qué era de sus vidas. Sólo trabajaban y luego se marchaban. 

FIRMA: Guillermo Rivas, hijo de familia de ladrilleros

 

 

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