DESENTERRANDO LA HISTORIA

mayo 12, 2014 | por Redacción Voces del Salado
DESENTERRANDO LA HISTORIA
Informe central
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Hace más de 2.500 años, mientras numerosos hechos  significativos acontecían en el mundo, en estas tierras existían comunidades que habitaban lo que hoy es Adelina Este. El Mast resguarda los rastros del pasado e interpreta cómo eran las viejas costumbres de los nativos locales

Inaugurado aproximadamente un año atrás, el Museo Arqueológico de Santo Tomé (Mast) impuso un cambio en la forma de acceder a la información sobre una parte del pasado de este lugar, hasta hace poco inexplorada: el periodo anterior a la llegada de los españoles a este paraje. A la vez, se ha convertido en el ámbito específico en el que pueden encontrarse las respuestas sobre las dudas e inquietudes relacionadas con el estilo de vida de los pueblos originarios y de las culturas precolombinas. Por eso mismo, si bien la comunidad local recuerda con especial interés determinados hechos históricos -como la época de La Estanzuela de los jesuitas o el paso del General Manuel Belgrano en octubre de 1810-, este nuevo espacio alimenta el interés de los santotomesinos por la historia de sus antepasados, reactivado a partir de los restos arqueológicos hallados desde 2003 a la fecha.

Atento a ello, los especialistas del Mast trabajan en base a los descubrimientos que reflejan lo acontecido mucho antes de la adjudicación de estas tierras a Juan de Garay (título de propiedad extendido el 21 de mayo de 1576), ya que hace más de dos mil años este territorio estuvo habitado por poblaciones nativas –cazadoras recolectoras-, que es necesario estudiar y analizar. Con marcada actividad sobre el punto más alto de esta jurisdicción –actual Adelina Este-, donde el río pega una  curva pronunciada y la imagen natural es única, dejaron su huella y su impronta. En esta parte de la geografía santafesina, donde se encuentra el yacimiento Río Salado-Coronda II y el museo descansa, se produjeron numerosos hallazgos trascendentales y hasta aparecieron vestigios que indican que el lugar estuvo habitado por el hombre hace 2.300 años atrás.

Evidencias antiquísimas

Atento a lo anterior, Voces del Salado dialogó con la directora del Mast, María Rosario Feuillet, quien señaló que estos hallazgos son indicios de que las poblaciones vivieron en la zona «sin moverse de un lugar a otro», por lo menos desde el año 370 antes de Cristo. «Nuestro equipo de trabajo cuenta con evidencias que datan del 370 antes de Cristo, es decir que poseemos piezas y restos óseos con más de 2.500 años de antigüedad, números que han producido un quiebre en las nociones temporales de los santotomesinos y que llega a sorprenderlos al conocer el estilo de vida de estas personas», manifestó Feuillet.

«Uno de los temas que mayor atención capta es el de los enterratorios humanos exhumados, ya que varios cuerpos fueron hallados en distintas posiciones y con diferencia de hasta 400 años entre un esqueleto y el otro», amplió. «Al principio hablábamos de un área de entierros múltiples; después, ya tuvimos que referirnos a un cementerio, por la utilización de un mismo espacio en el tiempo, para luego postular que a este lugar se lo vinculaba a lo sagrado y ceremonial», detalló a continuación la directora del museo. «Hemos encontrado cuerpos enterrados en otros lugares cercanos al enterratorio, que han sido sepultados a la misma altura que los otros, pero de diferente manera, en forma fetal, por ejemplo,  posición que puede tener una connotación tanto negativa como positiva», analizó después.

«Se trata de gente que por algún motivo no fue sepultada en el área definida por nosotros como cementerio; al respecto manejamos dos hipótesis: o estos entierros son más antiguos  a la ocupación que pensamos, o se trata de personas que tuvieron un tratamiento diferencial hacia el interior del grupo», especificó. Sobre esta suposición, la arqueóloga argumentó: «En muchas culturas, los cuerpos de aquellas personas que han tenido una función espiritual, tienen un tratamiento particular cuando fallecen; pero es una evaluación que aún se encuentra en estudio y dentro del juego de pensar qué ha pasado con ellos».

 

¿Hubo o no un asentamiento?

«No obstante todos los descubrimientos efectuados desde 2003 hasta la fecha, hasta el momento no hemos encontrado material que termine de asegurar la ocupación definitiva de estos sitios, es decir la presencia de lo que se denomina  campamento base… aunque ello no quiere decir que no haya existido», relató Rosario Feuillet en otro pasaje de su alocución. «Lo que debemos encontrar para definir que allí hubo un asentamiento poblacional de esas características es un encadenamiento de elementos que nos hablen de la ocupación recurrente y continua de un mismo espacio; esos son hilos asociativos que nos permiten definir costumbres», añadió.

No obstante dicha aclaración, Feuillet se preocupó en resaltar  que está claro que en este lugar vivieron, en condiciones de permanencia periódica o temporal, para luego trasladarse a otras zonas, de acuerdo a la época del año. Justamente, en el  sitio de Adelina Este se ha descubierto evidencia sobre la existencia de distintos tipos de costumbres de esos pueblos originarios, las que revelan su dedicación al trabajo de la arcilla, ya sea para la confección de vasijas, platos y otros elementos, con la clara intención de conservar alimentos. A su vez, existen indicios de la utilización del fuego para el consumo de animales y la presencia de elementos para la cosecha de maíz. Incluso, hasta se encontraron restos óseos de yaguareté y guanacos decorados, lo que indica un fuerte predominio de creencias simbólicas y rituales.

 

La mirada:  Arqueóloga y antropóloga María Rosario Feuillet

Arqueóloga y antropóloga María Rosario Feuillet

 

 

 

 

 

 

 

 

La labor del arqueólogo consiste en interpretar lo que ocurrió antes, un trabajo difícil, porque, más allá que se tengan datos e información de los objetos encontrados, hay que armar un rompecabezas de sucesos que no tienen una fecha concreta en el tiempo. Es una labor interpretativa, que muchas veces depende de la subjetividad de cada uno. Lógicamente, pueden existir algunas variables que no necesariamente se vean con facilidad, pero es esa interpretación lo que hace atractiva nuestra labor, porque buscamos la confirmación de las hipótesis que elaboramos en base a los registros hallados.

Si bien no hemos logrado, aún, especificar el estilo de vida de los habitantes que vivieron en la zona, ya tenemos ideas generales de los procesos culturales que se han producido, los que están íntimamente vinculados a la utilización de este ambiente. En dicho contexto, el objetivo del trabajo del arqueólogo es el de aportar su granito de arena para entender lo complejo de la dispersión de los seres humanos desde que nos originamos, hace 150 mil años, hasta poblar el mundo. Y esa meta, no deja de fascinarme.

 

Línea histórica:

 Dentro del museo, se sitúa temporalmente a los visitantes en una línea histórica de acontecimientos que ocurrieron en paralelo a la vida de los nativos locales. También se pueden observar restos de utensilios utilizados por aquellos pobladores.

Línea historica

 

 

 

 

 

 

 

Componentes sagrados.

Algunos de los elementos descubiertos revisten particularidades que los especialistas atribuyen al fuerte predominio de creencias simbólicas y rituales. En la imagen pueden observarse falanges de guanacos decoradas y huesos de yaguareté.

COMPONENTES SAGRADOS

 

 

 

 

 

Roverano al 300

 

 

 

Roverano 555

MUSEO

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