El molino harinero que “alimentó” el desarrollo de toda una región

febrero 2, 2015 | por Redacción Voces del Salado
El molino harinero que “alimentó” el desarrollo de toda una región
Informe central
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Por las comunas del interior – Las ruinas de Oroño

 

 

 

 

Los restos del viejo edificio, ubicados en jurisdicción de la Comuna de Gessler, surgen como las huellas dejadas por uno de los emprendimientos más importantes de la zona a fines del siglo XIX y principios del XX. Son instalaciones que “saben” del auge del modelo agro exportador y de los vaivenes económicos que marcaron el curso del país.

 

 

 

 

Viajar por los distintos departamentos que integran la región permite, sin lugar a dudas, conocer los avances y el desarrollo que cada localidad registra con el paso de los años. Sin embargo, en el vasto territorio santafesino existen lugares que parecen como “detenidos en el tiempo”; en los que todo sigue igual y nada ha cambiado. Un ejemplo de ello es Oroño, antigua colonia independiente, que desde 1957 forma parte de la localidad de Gessler y está situada a unos 6 kilómetros al sur del centro del pueblo; o si se quiere ir por el sur, a 18 kilómetros del empalme de la Ruta Nacional Nº 11 con la Ruta Provincial Nº 64 (jurisdicción de Coronda), una vez pasado Larrechea y tras haber tomado el viejo camino rural que conducía a Córdoba, actualmente clausurado.

 

 

 

 

 
En la actualidad, al margen de algunas pocas ladrillerías –las que emplean a los escasos habitantes del lugar y contrastan con el paisaje que reflejan los cultivos-, lo que verdaderamente impacta al ojo humano y llaman la atención del visitante son las ruinas del antiguo molino harinero. Se trata de un emprendimiento que funcionó en Oroño entre fines del siglo XIX y principios del XX, siendo el motor de la que por entonces era una pujante localidad y uno de los pilares de la economía regional, en pleno auge del modelo agro exportador. Eran épocas de una intensa actividad portuaria, la que tenía a Coronda como epicentro y luego fue suplantada por la llegada del Ferrocarril Belgrano.

 

 

 

 

 
Un “gigante” productivo

 

 

 

 

 

Por desgracia, el olvido de este sitio es un hecho incontrastable y a la vez un claro avance del tiempo sobre la historia, reflejado en los incesantes cambios y vaivenes de los ciclos productivos de estas colonias agrícolas ganaderas, hoy en día signadas por el desdén, el desinterés y la desidia. No obstante lo anterior, se puede decir que hay quienes se preocupan por el rescate histórico de lugares como estos, al menos para reavivar lo ocurrido. “El apogeo de la actividad de este molino comenzó desde el primer momento de su instalación, en 1885, y perduró hasta principios del siglo siguiente, cuando su apogeo promovió el crecimiento económico en toda la región”, narró a Voces del Salado la historiadora corondina Alcira Marioni.

 

 

 

 

 
Otra de las personas que se dedicó al tema fue Miguel Andrés Gagnone, quien en una publicación de 1994, presentada en un congreso de historia realizado en Coronda, recuerda que existen varios testimonios verbales, ofrecidos por vecinos, que afirman que el molino dejó de funcionar luego de sufrir varios incendios. “Este molino, que ocupó los primeros lugares de consumo de trigo y producción de harina, fue uno de los más importantes del departamento San Jerónimo y era el único que entre su personal contaba con una mujer, siendo los demás todos hombres extranjeros”, detalla Gagnone. “Dada su próspera e intensa actividad, el molino significó un símbolo del modelo agro exportador en el que estuvo inmerso el país a fines del siglo XIX”, destaca luego. “A pesar de su fuerza productiva, sufrió las consecuencias del detrimento de la industria nacional, desalentada por favorecer las importaciones de manufacturas europeas”, concluye el escritor.

 

 

 

Traspaso administrativo

 

 

 

 

 
Tras el cese de las actividades del molino harinero, Oroño padeció un progresivo despoblamiento. Finalmente, el 7 de mayo de 1957, con la firma del decreto Nº 04591, la colonia fue suprimida y su administración pasó a estar bajo jurisdicción de la Comuna de Gessler. Desde aquel día, esta última localidad se encuentra a cargo del viejo paraje; en su momento se responsabilizó de las ruinas del molino y hasta no hace mucho tiempo mantuvo en condiciones el espacio. De todas formas, como registran las imágenes captadas por Voces del Salado, en el referido sitio actualmente se aprecia un paisaje de total abandono, “abrumado” por la creciente maleza.

 

 

 

 

 
Más allá de esto, debe aclararse que en un acta de la Comisión de Fomento de la Comuna de Gessler figura un inventario con todos los bienes que pertenecían a la ex colonia de Oroño y luego pasaron a esta administración. Entre los elementos registrados, muchos eran del viejo molino: una máquina niveladora en desuso; una pala buey; carretilla; pala ancha; mesa en desuso; sillas, vitrinas y demás. Todo ello data del año 1957, cuando Gessler pasó a tener el control sobre Oroño.

 

 

 

 

 

Involución histórica

 

 

 

 

 
Según cuenta el historiador Miguel Andrés Gagnone, el pueblo de Oroño fue fundado en 1871 por Nicasio Oroño, gobernador de la provincia durante el período 1865-1868. La colonia fue designada como tal en 1873 y contó con su respectiva comuna desde el 16 de septiembre de 1886 hasta el 7de mayo de 1957. Se trataba de un distrito de 43 kilómetros cuadrados, en cuyo crecimiento y desarrollo “conspiró” desfavorablemente la clausura del servicio ferroviario que cubría el lugar, el ramal Empalme San Carlos-Gálvez del Ferrocarril Belgrano.

 

 

 

 

 
Los vecinos cuentan que en sus vastos campos se apreciaba periódicamente el desfile de vacas rumbo a los tambos que había en la zona, para su ordeñe. Con el correr del tiempo, y a causa de la influencia de los cambios en las actividades del hombre, pasó de tener amplios montes a llanuras rasas, en su mayoría destinadas a plantaciones sojeras, con algo de trigo y sorgo.
En cuanto a la evolución histórica de Oroño, que en realidad fue involución, el escrito de Gagnone revela que el viejo paraje poseía también tres puentes sobre el arroyo Colastiné. Uno de ellos era prácticamente una “propiedad” de la familia fundadora del molino, la que acostumbraba a cobrar peaje para pasar por él, de acuerdo a lo descripto –incluso- en las propias actas comunales de Gessler.

 

 

 

En plenitud. Imagen histórica, captada cuando la empresa funcionaba a pleno. Los sulkys y la gran cantidad de personas que se aprecia, denotan el intenso movimiento que se generaba en Oroño en torno al molino harinero.

En plenitud. Imagen histórica, captada cuando la empresa funcionaba a pleno. Los sulkys y la gran cantidad de personas que se aprecia, denotan el intenso movimiento que se generaba en Oroño en torno al molino harinero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presencia olvidada. Los habitantes que toman el viejo camino rural que conduce a Gessler, pasan desapercibido el “descanso” de las ruinas del molino harinero de Oroño. Algunos pobladores caminan por este polvoriento sendero para dirigirse a las ladrillerías, o a la pequeña capilla, situada al suroeste de donde se emplaza la que fue una pujante industria a fines del siglo XIX y principios del XX.

Presencia olvidada. Los habitantes que toman el viejo camino rural que conduce a Gessler, pasan desapercibido el “descanso” de las ruinas del molino harinero de Oroño. Algunos pobladores caminan por este polvoriento sendero para dirigirse a las ladrillerías, o a la pequeña capilla, situada al suroeste de donde se emplaza la que fue una pujante industria a fines del siglo XIX y principios del XX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Malezas y ruinas. Ingresar por el ala norte del molino resulta un trabajo complicado, por la crecida vegetación y por los restos de mampostería (hierros y alambres esparcidos por todas partes). Una vez adentro, aparecen  tres puertas: la norte, que conduce a una habitación sin salida; la este, que da a la zona trasera del molino; la sur, que lleva a dependencias que abren paso al sector más grande de las viejas instalaciones.

Malezas y ruinas. Ingresar por el ala norte del molino resulta un trabajo complicado, por la crecida vegetación y por los restos de mampostería (hierros y alambres esparcidos por todas partes). Una vez adentro, aparecen tres puertas: la norte, que conduce a una habitación sin salida; la este, que da a la zona trasera del molino; la sur, que lleva a dependencias que abren paso al sector más grande de las viejas instalaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sólo vestigios. En algunas de las habitaciones pueden encontrarse parte del  equipamiento utilizado cuando el molino harinero estaba en plenitud: baldes, rollos de alambres de púas, madera, electrodomésticos (ya inservibles) y chapas, entre otras cosas. Todavía se aprecian herramientas que eran utilizadas para la etapa de la molienda de la harina.

Sólo vestigios. En algunas de las habitaciones pueden encontrarse parte del equipamiento utilizado cuando el molino harinero estaba en plenitud: baldes, rollos de alambres de púas, madera, electrodomésticos (ya inservibles) y chapas, entre otras cosas. Todavía se aprecian herramientas que eran utilizadas para la etapa de la molienda de la harina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arte manual. Sin lugar  dudas, una de las cosas más llamativas que se observan en el lugar son las viejas herramientas utilizadas por los trabajadores para realizar sus labores. Rememoran tiempos en los que el trabajo se realizaba de manera artesanal, con ruedas de molienda como las que muestra la imagen, piezas “heridas” por el efecto corrosivo y desgastante del olvido.

Arte manual. Sin lugar dudas, una de las cosas más llamativas que se observan en el lugar son las viejas herramientas utilizadas por los trabajadores para realizar sus labores. Rememoran tiempos en los que el trabajo se realizaba de manera artesanal, con ruedas de molienda como las que muestra la imagen, piezas “heridas” por el efecto corrosivo y desgastante del olvido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Viejo recuerdo. Además de las herramientas rurales, en la parte trasera del molino llama la atención la presencia de un arado de hierro, “estancado” entre la maleza que se apoderó del lugar. Su “reposo” nos lleva a rememorar épocas en las que se trabajaba con tracción a sangre, para demarcar los pequeños senderos donde luego crecía el trigo con el que se elaboraba la harina.

Viejo recuerdo. Además de las herramientas rurales, en la parte trasera del molino llama la atención la presencia de un arado de hierro, “estancado” entre la maleza que se apoderó del lugar. Su “reposo” nos lleva a rememorar épocas en las que se trabajaba con tracción a sangre, para demarcar los pequeños senderos donde luego crecía el trigo con el que se elaboraba la harina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vigorosa presencia. Detrás del predio en ruinas, específicamente en la “espalda” del ala norte, todavía sobrevive parte de la chimenea del molino, la que formaba parte de la panadería que había en este sector. Cuentan los pobladores del lugar que la misma contenía una plaqueta con datos de su edificación, pero en la actualidad no existen rastros de ella.

Vigorosa presencia. Detrás del predio en ruinas, específicamente en la “espalda” del ala norte, todavía sobrevive parte de la chimenea del molino, la que formaba parte de la panadería que había en este sector. Cuentan los pobladores del lugar que la misma contenía una plaqueta con datos de su edificación, pero en la actualidad no existen rastros de ella.

 

 

 

Un comentario

  1. Maria Elena Pistone dice:

    Cuantos recuerdos!! he pasado todas las vacaciones de mi infancia alli.. pues muy cerquita-en un caminito lateral- vivia mi Tia Genoveva Odetti-(Beba), hoy con sus lucios 90 añitos, en un geriatrico de Gessler.. Luego en donde dobla el camino para ir a Larrechea-justo donde estaba la Iglesia-hoy ya no esta- un poco mas adelante-todo en ruinas y montecitos, estaba lleno de casitas- esta aun la casa de mis abuelos maternos, o sea los padres de la tia Beba…(alli vive -muy tranquilo- el Tio Tino , hermano de beba.).-

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