Boliche Pérez, una pulpería “como las de antes”

marzo 2, 2015 | por Redacción Voces del Salado
Boliche Pérez, una pulpería “como las de antes”
Informe central
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Lugares emblemáticos de la región

 

Ubicado a unos kilómetros antes del ingreso a Monje, sobre el antiguo Camino Real, el lugar se conserva tal cual como fue edificado en 1860. Fue adquirido en 1924 por los Pérez, familia que lleva más de noventa años al frente del emprendimiento. De generación en generación, fue resguardando las distintas etapas que marcaron a fuego la historia argentina.

 

Si de viajar a tiempos de gauchos, carretas y caballos se trata, sólo basta con subirse a un vehículo, tomar la Ruta Nacional Nº 11 y dirigirse a la localidad de Monje, a unos 90 kilómetros de Santa Fe capital. Al norte del ingreso al pueblo, unos 2 kilómetros hacia el este, se llega al sendero rural que en su momento supo ser el denominado Camino Real. Allí se conserva un verdadero mojón de la época fundacional de las primeras colonias agrícolas de la provincia, el Boliche Pérez, una vieja pulpería de mediados del siglo XIX, que para los visitantes de la zona es una parada obligada de goce y disfrute, la que -sin lugar a dudas- rememora aquellos días de campo, sol y tragos.

 
Ni bien se llega a la entrada del establecimiento, se percibe que su infraestructura es prácticamente la misma de cuando se edificó en 1860 (dato corroborado luego con el dueño), excepto por la estructura de hierro que se colocó con posterioridad, para reforzar el techo. La historia cuenta que este local perteneció primero a la familia Aste, pero que en 1924 fue adquirido por Manuel Pérez, quien lo condujo hasta su fallecimiento, en 1942. Luego, el legado de este verdadero “boliche de campo” recayó en manos de su hijo, Rodolfo, hasta 1980, cuando tras su partida física tomó las riendas su sucesor y actual propietario, Héctor Pérez, de 68 años de edad, nieto de Manuel.

 

Referente generacional. Héctor Pérez, hijo de Rodolfo y nieto de Manuel, es el encargado de continuar con un legado que lleva 91 años de historia. Tal como reza el bordado de su chaquetilla, el Boliche Pérez funciona bajo este nombre desde 1924, cuando la familia adquirió el inmueble tal cual como se presenta hoy (con paredes de chapa).

Referente generacional. Héctor Pérez, hijo de Rodolfo y nieto de Manuel, es el encargado de continuar con un legado que lleva 91 años de historia. Tal como reza el bordado de su chaquetilla, el Boliche Pérez funciona bajo este nombre desde 1924, cuando la familia adquirió el inmueble tal cual como se presenta hoy (con paredes de chapa).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un lugar para todos

 

 

Desde el primer momento en que Voces del Salado arribó al lugar, el “pulpero” remarcó los 91 años que lleva su familia sirviendo todo tipo de tragos y preparando las típicas picaditas, “como las de antes”, de esas que le gustan a los paisanos asiduos al boliche. Ni bien se llega al Boliche Pérez, el ambiente campero se palpa en el ambiente. Así, luego de cruzar algunos perros y gallinas, nos encontramos con un grupo de jóvenes y adultos –muchos de ellos con sus tradicionales vestimentas de gaucho-, quienes estaban disfrutando sus fernets, cervezas o vermús en el predio situado al frente del local, o jugando una partida de truco, pero se dieron un “respiro” para saludar cordialmente a los visitantes.

 
Una vez adentro, el crujir del piso de madera acompaña los pasos de los clientes hasta la barra (también de madera rústica), donde Héctor Pérez los espera con su tradicional chaquetilla, la que tiene bordado en el lado del corazón el slogan que caracteriza al negocio: “Desde 1924 Boliche Pérez”. Y como es costumbre, Héctor, un “tatengue” confeso, los tratará de atender él mismo a todos, aunque muchas veces no se pueda, dijo, “porque el lugar es desbordado por la clientela”.

 
Detrás del cantinero se observan los mobiliarios típicos de una pulpería: grandes estanterías con productos comestibles, de limpieza e higiene; el sector de las bebidas, con licores, aperitivos, vinos y muchas botellas de fernet. También se aprecian sifones de soda antiguos, que aún funcionan; una vieja heladera, faroles a kerosene y hasta una vieja radio, que todavía puede sintonizar frecuencias lejanas. En su sector este, además, se ubica el rincón de los recuerdos: una pared empapelada con posters de equipos de fútbol, dibujos de Molina Campos y hasta fotografías que atestiguan la visita de ilustres personajes de la cultura popular (como León Giego y Quique Pesoa).

 

Paisanos y descanso. De lunes a sábados, en horas de la tarde, la pulpería recibe gente de todas las edades. Incluso, se acercan paisanos con sus pilchas de gaucho, quienes pasan sus horas bebiendo algunas de las especialidades de la casa. Muchos de los que asisten son habitantes de otras provincias que se radican en la zona y se dedican a la plantación de tomates.

Paisanos y descanso. De lunes a sábados, en horas de la tarde, la pulpería recibe gente de todas las edades. Incluso, se acercan paisanos con sus pilchas de gaucho, quienes pasan sus horas bebiendo algunas de las especialidades de la casa. Muchos de los que asisten son habitantes de otras provincias que se radican en la zona y se dedican a la plantación de tomates.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Orgullo y tradición familiar

 
“Creo que si mi abuelo y mi padre vivieran, estarían orgullosos del Boliche Pérez, principalmente porque se continúa con una tradición familiar de tantos años”, señaló Héctor Pérez, quien anheló que en el futuro “esto pueda seguir tal cual lo llevamos adelante nosotros”. “Hay gente que dice que el boliche debiera ser patrimonio o símbolo de la zona”, expresa el bolichero entre risas.

 
No obstante lo anterior, Héctor no pudo ocultar cierto resquemor por la situación que históricamente se ha vivido en el lugar. “Al no contar este sector con energía eléctrica, debemos recurrir a un generador propio para tener luz y poder hacer funcionar los aparatos», describió el bolichero. “Esa es una de las dos cosas que siempre he lamentado; la otra, que también nos genera tristeza, es la inseguridad que padecimos tiempo atrás; ello impidió que sigamos abriendo los domingos, que eran los días que hacíamos los tradicionales asados en nuestro patio de atrás”, completó Pérez.

 

Al aire libre. Con gallinas y perros como espectadores de lujo, los clientes del boliche acomodan sus mesas y sillas en las afueras de la pulpería para disfrutar de algunos tragos entre amigos. Silencio campero, risas amistosas y un paisaje sin igual ambientan lo que sin lugar a dudas es un sitio histórico en todo el país.

Al aire libre. Con gallinas y perros como espectadores de lujo, los clientes del boliche acomodan sus mesas y sillas en las afueras de la pulpería para disfrutar de algunos tragos entre amigos. Silencio campero, risas amistosas y un paisaje sin igual ambientan lo que sin lugar a dudas es un sitio histórico en todo el país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sendero histórico

 
El Camino Real, donde se levanta el mítico Boliche Pérez, fue utilizado en otros tiempos por los próceres más destacados del país, entre los que se puede destacar el Libertador José de San Martín y al Brigadier Estanislao López, quien poseía una estancia sobre el referido sendero. También se dice que fue usado por Ambrosio Alzugaray, obispo español radicado en Córdoba, que tras la declaración de la independencia argentina, se ocultó unos días en una estancia de esta zona, antes de huir a Uruguay. El referido camino se iniciaba en la provincia de Buenos Aires y atravesaba todo el país, hasta llegar a Perú.

 

 

Trago distintivo. Siempre que puede, Héctor atiende personalmente a cada uno de sus clientes, como si fuera una política del boliche. En la imagen, prepara una de las delicias predilectas: el fernet. “Tres medidas del aperitivo sobre un litro y medio de gaseosa de cola, ese es el secreto”, aseguró Pérez. El suspiro de los parroquianos después de probar el trago, ratifica el sabor distinguido de la bebida.

Trago distintivo. Siempre que puede, Héctor atiende personalmente a cada uno de sus clientes, como si fuera una política del boliche. En la imagen, prepara una de las delicias predilectas: el fernet. “Tres medidas del aperitivo sobre un litro y medio de gaseosa de cola, ese es el secreto”, aseguró Pérez. El suspiro de los parroquianos después de probar el trago, ratifica el sabor distinguido de la bebida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RECUADRO

 
Se calcula que en la actualidad, en el país existen sólo tres lugares que mantienen intacta sus características de la época, entre ellos el Boliche Pérez. Los restantes estarían en las provincias de Buenos Aires (en Chivilcoy para ser un poco más precisos) y La Pampa.

 

Rincón de los recuerdos. En la pared este del boliche pueden apreciarse  posters de equipos de fútbol, ilustraciones de Molina Campos, etiquetas de cigarrillos (plastificadas) y distintos reconocimientos públicos. También existen notas periodísticas realizadas por medios de la provincia y fotografías de ilustres personalidades de la cultura popular argentina, como Quique Pesoa y León Gieco.

Rincón de los recuerdos. En la pared este del boliche pueden apreciarse posters de equipos de fútbol, ilustraciones de Molina Campos, etiquetas de cigarrillos (plastificadas) y distintos reconocimientos públicos. También existen notas periodísticas realizadas por medios de la provincia y fotografías de ilustres personalidades de la cultura popular argentina, como Quique Pesoa y León Gieco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acá todavía sobreviven las cosas como antes, porque la gente viene a caballo y sulkies, aunque ahora se sumaron algunos lujosos autos que traen a algunos curiosos extranjeros que quieren conocer el boliche.

 

Héctor Pérez – Bolichero

 

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Un comentario

  1. Carmen Almada dice:

    Me encanta !!!!!!!!! Ojalá tuviéramos algo así en mis pagos.

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