Se le llenó el boliche a don Pérez

Abril 3, 2017 | por Redacción Voces del Salado
Se le llenó el boliche a don Pérez
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Histórica pulpería

 

 

 

De lunes a sábado, Héctor abre las puertas del popular Boliche Pérez, una clásica pulpería con 93 años de historia. Se trata de uno de los últimos espacios camperos de este tipo que quedan en todo el país. Periódicamente los vecinos de la zona asisten a este emprendimiento ubicado a unos pocos kilómetros del ingreso norte a Monje para disfrutar de algo fresco y de una rica picadita, tal como se hacía durante el siglo XIX.

 

 

 

Desde hacía tiempo la intención era regresar a este lugar tan especial. Revivir aquella experiencia que Voces del Salado había tenido en 2014, en un espacio que tantos buenos recuerdos generó en sólo unas pocas horas de estadía. Habrá sido esa singular capacidad que tiene para hacernos viajar en el tiempo; la cordial atención de su propietario y sus colaboradores; o tal vez toda la mística que resguarda este emprendimiento ubicado unos kilómetros antes del ingreso norte a Monje, sobre un sendero rural ubicado paralelo a la Ruta 11, que anteriormente formó parte del antiguo Camino Real. El Boliche Pérez (o Casa Pérez) es una de las últimas pulperías que aún se mantienen en pie en el país. Y una con todas las letras.

 

 

 
El lugar se conserva tal cual lo edificaron en 1860. Fue adquirido en 1924 por los Pérez, familia que lleva unos 93 años al frente de este local, que periódicamente convoca a aquellos vecinos de la región que tienen ganas de tomar algo fresco o comer las exquisitas y tradicionales picaditas que preparan allí. Tal como lo habíamos expresado en la publicación que Voces del Salado realizó hace cuatro años, para los visitantes de la zona el Boliche Pérez “es una parada obligada de goce y disfrute, la que -sin lugar a dudas- rememora aquellos días de campo, sol y tragos”. La primera imagen de esta página muestra lo que sucede durante cada fin de semana, a excepción de los domingos, donde don Héctor, su actual propietario, prefiere descansar.

 

 

 

Desde las 16.30, cada sábado se congregan decenas de vecinos de la zona para saborear algún clásico vermú en compañía del maní con cáscara que sirve el Boliche Pérez. Héctor, su actual propietario, trata de estar en cada detalle para que nadie se vaya con la cara larga.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fenómeno inexplicable
“Se le llenó el boliche a Pérez”. La frase, un clásico del lugar, ha sido utilizada por varias generaciones y desde hace tiempo, para reflejar el tema de la notable concurrencia que asiste a este sitio y hechos como el ocurrido el sábado 25 de marzo, que el equipo periodístico de Voces del Salado pudo corroborar in situ: este viejo almacén sigue siendo el espacio elegido por jóvenes y adultos de toda la región para pasar sus tiempos libres. Por supuesto siempre con alguna buena bebida para acompañar el momento. “Abrimos de lunes a sábado, en horario comercial, y siempre vienen a comprar víveres, o bien a tomarse un porroncito, o una jarra de fernet con una rica picadita”, contó Héctor Pérez a este medio. Además aclaró que ellos compran excelentes chacinados en la ciudad de Gálvez, “para que la gente coma un buen salamín, se vaya conforme y se lleve un buen recuerdo de nuestro boliche”.

 

 

 
“Con el fernet hacemos algo particular: utilizamos tres medidas en un litro y medio de coca, pero primero echamos la gaseosa y luego el fernet, para evitar que haga esa molesta espuma”, reveló Pérez sobre el secreto de su particular preparación. Algo que en los últimos tiempos llamó poderosamente la atención de Pérez es que cada vez más clientes se acercan a su boliche para disfrutar de sus bondades. “Me llama la atención porque vienen jóvenes, familias y demás personas oriundas de distintas partes de la región y no sé cómo se enteran de nuestra existencia, no lo puedo explicar”, manifestó Héctor, sorprendido.

 

 

 

 

El fernet y su secreto. Héctor Pérez lleva las riendas del boliche desde los años ‘80 y desde esos tiempos prepara cada trago con suma dedicación. Uno de los que más sale es la tradicional bebida de hierbas, la que prepara de una manera muy particular.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de las lluvias

 

 

 

 

En otro tramo del diálogo, Héctor Pérez se refirió a las dificultades que presentan los caminos de la zona, lo que complica el acceso de la gente a su emprendimiento. “Hay algunos tramos que están un poco deteriorados y no se pueden recuperar porque ni bien se seca todo, vuelve a llover; sin embrago no es una situación que impida el ingreso al boliche”, especificó. Por otro lado, cabe destacar que Boliche Pérez funciona gracias a la utilización de gas en garrafa y también por la energía provista gracias a los paneles solares que existen en el lugar. “Por suerte no tenemos problemas en el abastecimiento de servicios, nos arreglamos muy bien con los recursos que tenemos”, concluyó.
93 años en imágenes

 

 

 

La Casa Pérez: un lugar, una impronta

 

 

 

Este boliche, tan especial por sus características y particular estilo, mantiene costumbres y personajes que lo distinguen desde sus inicios, hace casi un siglo atrás. En esta página tratamos de reflejar esa singular virtud, que lo ubica entre los lugares emblemáticos y tradicionales de la región.

 

 

Puertas adentro. El interior del Boliche Pérez refleja el clásico almacén de ramos generales, que abastece de provisiones a quienes así lo deseen. Cuenta con mobiliarios típicos de una pulpería: grandes estanterías con productos comestibles, de limpieza e higiene; el sector de las bebidas, con licores, aperitivos, vinos y muchas botellas de fernet y otros espacios bien característicos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Patio cargado.En la zona norte del boliche hay un espacio verde ideal para instalar las mesas y sillas y disfrutar del momento entre perros, gallinas y sus pollitos. En la parte trasera se encuentran los sanitarios correspondientemente habilitados. Muchos de los trabajadores que prestan servicios en las plantaciones de tomates de la zona suelen descansar e “hidratarse” debajo de los árboles del lugar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Rincón del recuerdo. En el sector este del interior de la pulpería se puede apreciar una pared empapelada con posters de equipos de fútbol, dibujos de Molina Campos y hasta fotografías que atestiguan la visita de ilustres personajes de la cultura popular (como León Giego y Quique Pesoa).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Legado familiar. La historia cuenta que este local perteneció primero a la familia Aste y que en 1924 fue adquirido por Manuel Pérez, quien lo condujo hasta su fallecimiento, en 1942. Su hijo Rodolfo continuó presidiendo el lugar hasta 1980, cuando tras su partida física tomó las riendas su sucesor y actual propietario, Héctor Pérez.

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