Crece el programa para reducir el uso de sal en las panaderías

Mayo 22, 2017 | por Redacción Voces del Salado
Crece el programa para reducir el uso de sal en las panaderías
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Se trata de “Menos sal, más vida”, una iniciativa del municipio santotomesino. Hace unos días se sumó un nuevo establecimiento a esta propuesta y ya son nueve los que participan de la iniciativa.

 

 

 

 

Sergio Ferrer

 

 

 

 

La panadería María José se sumó a “Menos sal, más vida”, el programa sanitario que impulsa la Municipalidad de Santo Tomé a través del área de Salud, Medio Ambiente y Acción Social. Con dicha incorporación, ya son nueve las panificadoras locales adheridas a esta propuesta, que constituye una de las acciones de promoción de la salud encaradas en el distrito, para prevenir y controlar las enfermedades crónicas no transmisibles. Este emprendimiento, que cuenta con cuarenta años de trayectoria en el ramo, se suma a las otras panaderías adheridas: Imperial, Emanuel, Los Obi, el Puente, Namir, López, La Mundial y La Central.

 

 

 

 

 
La panadería María José tiene su casa central en avenida Luján 2632 desde 1993. Desde hace cuatro años elabora alimentos sin sal o reducidos en sal. Ahora, al incorporarse al programa municipal de salud, también agregaron productos con cero grasa trans y los que llevan semillas (lino, sésamo y cebada). Antes utilizaban 900 gramos de sal por bolsa de harina y en la actualidad trabajan con 700 gramos.  María Amalia Medvesig, referente de esta panadería, le contó a este medio que elaboran entre 10 y 12 kilos de productos sin sal día por medio, entre grisines, galletas marinas y algo de pan. Ella lleva adelante el establecimiento junto a su familia.

 

 

 

Más sano. María Amalia Medvesig, titular de la panadería María José de Santo Tomé, contó que producen alimentos bajos en sal desde hace cuatro años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Cuestión de gusto

 

 

 

 

Medvesig reconoció que lleva un tiempo cambiar el gusto de las personas en cuanto al tipo de producto que consumen y también que el pan con menos sal o sin sal difiere en su color y humedad, pero fundamentalmente en el sabor. “A la gente le cuesta un poquito consumir sin sal, pero igualmente el pan que no tiene, o el que tiene menos, logra una respuesta a favor, porque da resultados”, expresó la panadera. Los que consumen estos productos son personas mayores o hipertensas. También aclaró que esos clientes piden más el pan reducido en sal que el que no lleva. “Tardan en pasar al pan sin sal; aun así, notamos que su consumo aumentó y quien empezó a comerlo siguió haciéndolo”, destacó.

 

 

 

 

 
en el mismo sentido se manifestó Héctor Ambrogio, titular de La Central (avenida 7 de Marzo 2236), otra de las panaderías adheridas al plan de salud local. Ambrogio explicó que como la sal significa mucho en la panificación, empezar a reducir su uso no es fácil, tanto en el acostumbramiento de los clientes como en la elaboración.
“Hay que agarrarle la mano, porque no es sencillo cambiar la fórmula de trabajo; tuvimos que bajar la cantidad de sal poco a poco, hasta llegar a lo requerido por el municipio”, explicó. En su caso, a partir de la incorporación al programa municipal, empezaron a fabricar un pan con menor contenido de sal (no hacen sin sal) y dejaron de hacer el que producían anteriormente. Antes utilizaban 1 kilogramo de sal para una bolsa de 50 kilos de harina, ahora usan 650 gramos.

 

 

 

 

 
Números que sorprenden

 

 

 

 
Mario Montenegro, médico generalista y secretario de Salud del municipio santotomesino, explicó que iniciativas como “Menos sal, más vida” sirven para disminuir considerablemente el consumo de sal en la población. “Estos programas son necesarios —insistió, en una entrevista con Voces del Salado— debido a la importante carga sanitaria que representan las enfermedades crónicas no transmisibles: las cardiovasculares, cerebrovasculares y renales”.
el profesional resaltó que está demostrado, a partir de informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que más del 60% de la sal consumida proviene de alimentos procesados y el pan es responsable de más del 25% de la ingesta de sodio a nivel país.

 

 

 

 
Para tener una dimensión del problema del uso de la sal en Argentina, también recordó que se consumen entre 12 y 13 gramos de sal por día por habitante, mientras que la recomendación de la OMS es que ese límite no supere los 5 gramos por día. “En el orden nacional, la reducción de consumo de 3 gramos por día significaría disminuir 6 mil muertes por año, 13 mil accidentes cerebro vasculares y 14 mil infartos cardíacos, por lo que entendemos que vale la pena el desafío que nos hemos planteado”, concluyó Montenegro.

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