La capacidad de superarse por un fin solidario

octubre 9, 2017 | por Redacción Voces del Salado
La capacidad de superarse por un fin solidario
Informe central
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La travesía de Marcelo Degiorgio

 

 

 

 

El atleta franckino fue el único sudamericano que participó de La carrera Ultra Córsica de Francia, un evento deportivo que consistió en correr 1.008 kilómetros por etapas, a lo largo de 17 días consecutivos. Más allá de su meta personal, el objetivo de Degiorgio tenía un sentido más profundo. Cada kilómetro recorrido formó parte de una campaña para recaudar fondos y así concretar obras en el edificio institucional de La Asociación Civil de Ayuda al Discapacitado de Franck (Acadis).

 

 

 

 

En los momentos en que el ser humano debe enfrentar adversidades que parecen imposibles de concretar, tener la cabeza fría, los objetivos claros y una determinación sólida es fundamental para superarlas, por más difíciles que parezcan. Así lo entendió el fondista franckino Marcelo Degiorgio, quien hizo de su confianza la principal herramienta para superar un desafío similar a los narrados en leyendas griegas. El corredor, de 38 años, participó de La carrera Ultra Córsica de Francia, un evento deportivo que consistió en correr 1.008 kilómetros por etapas, a lo largo de 17 días consecutivos. La fatiga muscular, La hinchazón de tobillos y las numerosas ampollas que aparecieron producto de La exigencia que demandó esta aventura, no impidieron que Marcelo pueda completar su objetivo personal, que por cierto también tenía su lado solidario. Cada kilómetro corrido formó parte de una campaña solidaria que impulsó para recaudar fondos y así concretar obras en el edificio institucional de La Asociación Civil de Ayuda al Discapacitado de Franck (Acadis).

 

 

 

 

 

 

Los tramos atravesados poseían un valor económico simbólico. A medida que el atleta franckino iba avanzando en las distintas etapas, los vecinos que adquirieron esos kilómetros debían depositar el dinero en una cuenta bancaria. Lo recaudado al final del evento deportivo sería destinado a La nombrada asociación para poder colaborar en La construcción de tres baños para los chicos con diversas dificultades que periódicamente asisten a La entidad. Sin embargo La repercusión de La iniciativa y el logro conseguido llevó a que La cuenta continúe abierta un tiempo más, debido al entusiasmo que generó La travesía completada. Cabe destacar que Degiorgio es uno de los nueve corredores internacionales que pudo terminar La carrera, de los 18 que formaron parte de La competencia. Fueron dos los representantes del continente americano (uno canadiense) y el oriundo de Franck resultó ser el único referente de Sudamérica.

 

 

 

Misión cumplida. La foto muestra el momento posterior en que Marcelo Degiorgio culminó La decimoséptima etapa y completó los 1.008 kilómetros. Fueron más de dos semanas, en donde, en promedio, corrió entre 6 y 12 horas diarias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enfrentarse a uno mismo

 

 

 

 

“El desempeño fue el pronosticado… sabía que no iba a ser fácil y que habría problemas, pero tengo un sabor dulce porque hice algo que no sabía que podía concretar”, comentó Marcelo en una charla exclusiva con Voces del Salado, sorprendido de sí mismo. “Estoy muy orgulloso de haber podido pasear La bandera argentina por toda La isla, con mis zapatillas muy gastadas y con el orgullo de poder decir que pude correr 1.008 kilómetros, dejando sudor y lágrimas”, expresó emocionado. Si bien el territorio no era fácil por las irregularidades que presentaba y por ser un suelo desconocido, La principal dificultad que tuvo giró en torno a las heridas que iba dejando cada etapa de esta “batalla”. “El problema central fueron las ampollas que me salían; sin embargo me sorprendí de lo rápido que las curaba, ya que en sólo dos días ya sanaban”, enfatizó.

 

 

 

 

Las jornadas deportivas comenzaron a recrudecer a partir de La sexta etapa, cuando Degiorgio empezó a sufrir una inflamación sobre los músculos superiores de sus tobillos. “No me quedaba otra que dormir con los pies levantados y con hielo para ver cómo despertaba al otro día, pero por suerte siempre me levanté bien, con muchas pilas y con ganas de seguir”, aseguró. “Cada día fue un desafío, porque terminaba súper cansado, fusilado; a veces corría doce horas seguidas, llegaba a cada waypoint (punto de referencia) que indicaba la finalización de una etapa, armaba La carpa, me bañaba, comía mucha fruta -sobre todo naranjas- y algunas cosas saladas como queso, y después me quedaban unas 6 y 7 horas para dormir”, detalló Degiorgio, sin dejar de aclarar que en cada jornada, cargaba su mochila y dos caramañolas que llenaba cada 10 kilómetros para mantenerse bien hidratado. La organización del evento era responsable de llevar las carpas y demás elementos de los participantes.

 

 

 

 

Las jornadas corridas, en su mayoría, fueron pesadas y sumamente exigentes. “El día más corto fue de 46 kilómetros corridos, mientras que en el más largo hice 83”, precisó. “Si bien por momentos me sentía fatigado, nunca pensé en abandonar. En ningún momento se me vino a La cabeza rendirme y por el contrario siempre fui positivo, con La cabeza clara. Cada noche me decía ‘voy a ver cómo estoy mañana’, hablaba con La familia, dormía, reunía fuerzas y pensaba ‘voy a ver hasta dónde llego’, y así lo logré”, afirmó. “Pensaba en el día a día, no en el objetivo general, siempre con entusiasmo, bien de ánimo, positivo”, aclaró. Pese al incesante calor que predominó en La mayoría de los días, Degiorgio pudo completar cada etapa, a una velocidad de entre 7 y 8 minutos por kilómetro. Fue uno de los pocos atletas mundiales que llegó a La meta, ondeando La bandera argentina a cada metro y con el corazón puesto en los vecinos más necesitados de Franck.

 

 

 

Recuperar “motores”. Así lucían las piernas de Marcelo en el octavo día. Los más de 500 kilómetros corridos hasta ese momento habían dejado consecuencias: numerosas ampollas y tobillos hinchados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El día a día

 

 

Crónica de 1.008 kilómetros corridos

 

 

 

 

Si hay algo que destacar de cada una de las 17 etapas completas por Marcelo Degiorgio, es La constancia. El franckino comunicó su día a día a través de La red social Facebook, medio con el cual informaba el avance de su travesía. En el primer día corrió 52 kilómetros en poco más de 6 horas, mientras que en La segunda jornada también mantuvo un buen ritmo. “Muchos de los corredores están vendados o con ampollas y otros abandonaron. Yo me encuentro en perfectas condiciones, alimentándome y descansando para La tercera etapa”, relataba en ese momento. La tercera etapa La pensó completar en 6 horas 30 minutos, pero La logró terminar 12 minutos antes. La cuarta jornada también la finalizó sin problemas. Sin embargo fueron 63 kilómetros que dejaron como consecuencia La aparición de La primera ampolla.

 

 

 

 

El quinto tramo fue uno de los más largos. 65 kilómetros muy duros, con un calor sofocante que hicieron aparecer muchos dolores. Ya sólo quedaban 15 competidores en carrera. El sexto día (47 kilómetros) fue considerado por Marcelo como “el mejor de todos”. “Me levanté muy inspirado, corrí muy rápido y lo terminé en 4 horas 49 minutos”, contó vía “face”. No obstante, su tobillo empezó a “pasarle factura”. Los dolores fuertes aparecieron. La etapa 7 lo llenó de entusiasmo, como él mismo había manifestado. Fueron 52 kilómetros efectuados con mucho calor, algunas molestias, pero La cabeza estaba bien. Eso era importante. “En La etapa 8 corrí 75 kilómetros en 12 horas, pero en el kilómetro 20 se me trabaron los tobillos, tuve que armar dos bastones para hacer trekking y poder llegar. Ahora estoy en reposo acostado en La carpa con mucho hielo, intentando recuperarme para ver qué pasa mañana”, contó sobre ese día.

 

 

Vista soñada. El sacrificio valía La pena y “llenaba” La vista. A lo largo de cada recorrido, La isla de Córsica (Francia) regalaba este tipo de paisajes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Piernas ardiendo

 

 

 

En la novena etapa, Degiorgio acumuló un total de 510 kilómetros recorridos y sus tobillos lo sabían. “Esto no son vacaciones, pasé toda La noche con mis piernas en hielo y ya sólo quedan 10 competidores”, había publicado. Al otro día sumo 65 kilómetros más, y hasta redujo dos horas su tiempo promedio. En La undécima jornada y con las piernas duras, llegó a los 630 kilómetros corridos desde el inicio. Sólo restaban 5 días y 378 kilómetros por delante. 45 kilómetros era el desafío siguiente, los que pudo completar en 9 horas 48 minutos. Tal como él mismo dijo, los 60 kilómetros de La etapa 13 fueron los más largos de su vida. La fatiga decía presente. de esa manera, acumulaba 735 kilómetros atravesados por La isla de Córsica. En La jornada siguiente le hizo frente a 62 kilómetros y los terminó en 10 horas 43 minutos. Sólo quedaban 208 kilómetros para el final. “Ya no hay parte del cuerpo que no me duela, hasta tengo ampollas en las manos por los bastones de trekking”, había confesado.

 

 

 

 

En el día quince corrió 53 kilómetros más y se sorprendió de sí mismo, ya que pensó que no iba a poder largar. El final se acercaba, y Marcelo lo sabía. Sus ganas y entusiasmo primaban por sobre cualquier dolor. Pese a que sentía que se le prendían fuego las piernas, La penúltima etapa La completó en 11 horas 58 minutos y “derrotó” a esos 84 kilómetros tan temidos. Finalmente llegó el día decisivo, y así lo relató. “Eran los últimos 73 kilómetros, pero cuando restaban sólo 10 ó 15 La cabeza me jugó una mala pasada y se me hizo bastante duro llegar; venía súper cansado y fatigado, pero me repuse; incluso en los últimos metros iba hablando por teléfono con mi mujer mientras corría; pude completar una hazaña y estoy muy orgulloso conmigo mismo”, señaló para cerrar.

 

 

Un comentario

  1. Fernando Galoppo dice:

    Orgulloso de ser amigi y poder aprender de él!!!! Mas allá del gran deportista a que es, principalmete decir que es una persona ecepcional. Tiene una personalidad envidiable y digna de copiar.

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